Se trata de una novela de placentera y rápida lectura (y a ello no sólo ayuda la fluida y rítmica prosa del autor sino incluso aspectos externos como el formato dúctil del propio libro), en la que están presente las constantes de toda la obra de Aliaga. Hay una preocupación evidente por retratar la realidad social y su estado de putrefacción. Hay una construcción concienzuda de personajes altamente atractivos. Hay una pasión declarada por contar historias, y así junto al hilo central surgen otras de (como mínimo) igual intensidad.